Muchas veces lo hemos vivido. Una persona pierde los nervios, sale su verdadero yo, el cual trata de esconder en situaciones normales, y hace cosas que no están dentro de lo catalogado como "bien visto" por la sociedad.
En seguida pone cara de pena y te pide perdón. ¿Lo siente? No.
Maltratadores. Hoy día parece que están en todas partes. ¿Es cierto? Quizá es que ahora sabemos diferenciarlos, y por supuesto hay grados.
Me costará muchos de mis seguidores el decir ésto, pero siempre he estado un poco en contra del exagerado victimismo de las personas maltratadas. Van vagando por la vida como si ya no les quedara nada, como si con su maltratador se hubiese marchado todo.
Y éso suponiendo que hayan dado el paso de huir de él. Señoras y señores, ¿por qué aguantan una situación que odian durante tanto tiempo? No contesten que cada uno se responda. El miedo es el peor aliado. Más vale salir de alli, plantar cara al problema de una vez.
Siempre lo he dicho, y las pocas personas que lo han intentado, saben que es cierto. La primera persona que intente ponerme una mano encima o trate de vejarme de algun modo, puede huir del pais, porque está muerto.
Creereis que es un envalentamiento y que tendría que verme en la situación. Yo ya he vivido esa situación. Y no solo una vez. Por éso se a quién me enfrento, su perfil, y cómo tratarlos.
Hace no mucho me crucé con otro de estos encantadores seres.
Mi sujeto de estudio número dos, un director de restaurante calvo y barrigudo que come por ansiedad y a la vez trata de conservar la línea. No está a gusto con la imagen que cada día le devuelve el espejo. Su inclinación sexual hace todo más dificil. No está a gusto con el trabajo que tiene porque piensa que, por ser quien es, todo el mundo debe respetarle por muy insensato que sea lo que dice.
Y ahí es donde entra la persona 2, que no lo hace.
Conversando pues con un compañero, se llegó a la conclusión de que el perfil descrito era el que más encajaba con el sujeto y aunque a continuación solo narraré uno de los casos, el que más descubrió el pastel, hubo otros tantos que lo confirman. Quizá este fue el más fuerte de todos.
SITUACIÓN:
El tercer personaje (3), que sigue en grado de responsabilidad al sujeto de estudio y que comparte un vínculo "especial" con la persona que vivió la historia (2), entra en la cocina con el sujeto de estudio numero dos, al cual calificaremos de 1 en el diálogo.
- 1: Eres un gilipollas, estoy harto de ti, ya no te aguanto más (a gritos, entran los dos y se paran en la cocina, sin hacer nada más que discutir)
- 3: Que a mi no me tienes que contar nada, pero ¿qué cojones?
- 2: No vengáis a la cocina a discutir, por favor. Marcháos.
- 1: (tras un silencio un tanto violento, ya que 1 y 3 miran a 2 con odio, 3 desaparece y 1 se acerca peligrosamente a 2) ¿¡Perdona!?
- 2: Que no vengáis a la cocina a discutir, POR FAVOR.
- 1: ¿¡PERDONA!? (cada vez se acerca más, en señal de amenaza)
- 2: Te he pedido por favor que no entres en la cocina a discutir.
- 1: (gritando, cada vez más cercca) Pero bueno, es que es la ostia, yo entro a discutir donde me da la gana, ¡soy el director! (primer signo de debilidad, recordar quién es y la razón por la que supuestamente puede hacer lo que se le antoje)
_______
- 3: ¿Qué ha pasado? ¿Qué te ha dicho 1?
- 1: Símplemente le he pedido que no discutais aqui, porque me pone muy nervioso e intento trabajar. Se ha encolerizado y acercado tanto a mi que he llegado a pensar que iba a pegarme.
_______
- 1: Oye, disculpa por lo de antes, he perdido un poco los nervios (signo más evidente de su complejo de inferioridad)
FINAL:
Durante años, has pensado que tu puesto de trabajo, de elevado rango, iba a llenar el vacío que sientes porque no te aprecias.
Probablemente, una infancia turbulenta, muchas burlas por parte de tus compañeros o haber sido maltratado en el pasado, ha hecho que ahora tu seas el maltratador.
Te sales de tus casillas cada vez que alguien no cumple una orden tuya o pone en duda algo de lo que dices.
En general, estas tan inseguro de lo que tu mismo dices y piensas, que lo reflejas en tus palabras, las cuales tratas de disimular con un tono de voz firme y alto.
Ahora que alguien ha decidido plantarte cara y has visto que esa pose no te sirve, ¿comenzarás a controlar tus instintos más primarios... o... continuarás siendo la persona deleznable que hoy eres? Tu decides...
"Cuando estaba en el colegio y la gente se metía conmigo por no tener pelo, mi madre me dijo... Cuantos más tacos utilices y más grites, más mostrarás que les tienes miedo y estás dolido. Mírales fíjamente, baja el tono, y diles lo que tengas que decir de una manera pausada y tranquila, como si no estuvieses alterado. Si luego tienes que romper una pared del baño de un puñetazo, hazlo, pero que ellos no lo vean." La primera vez que usé este consejo, alguien acabó llorando. Alguien que realmente me hizo daño.
sábado, 1 de octubre de 2011
viernes, 30 de septiembre de 2011
Gin show, Hotel Puerta de América, Madrid
Ayer, 29 de Septiembre, se daban cita en el Hotel Puerta de América (conocido por algunos por ser el hotel más colorido de Madrid, por otros por ser sede de los restaurantes Lágrimas negras y Fuse) el Gin Show, que viene directamente de Sitges.
Por primer año se celebra en la capital de España, y cómo no, en Diano's Cook no podíamos perdérnoslo.
Nos enteramos porque el mismo Nacho Espadas, el manager de Drinks Marketing Group, nos invitó mediante facebook.
Qué mejor oportunidad de adentrarnos en el mundo de las ginebras que ésta. Por alli pudimos ver caras muy conocidas de la coctelería, como Tupac, de Bar Concept, Carlos Moreno, de O´clock y Luca, de Dry Martini, entre otros.
También pudimos encontrarnos con cocineros, gracias a dios, como Pepe Gorines, de Cilantro Gastrobar, Alejandro Pérez, de Europa Decó, y una servidora, de Ramses.
Y por supuesto, caras conocidísimas de la prensa gastronómica como María Forcada.
Muchos stands donde informarse de los distintos botánicos que componían las ginebras, mucha gente interesante con la que hacer negocio, y muchas ganas de aprender.
Las marcas que pudimos encontrar, entre otras, fue la conocidísima Sweepes (con saquitos de botánicos de sus respectivas y nuevas variedades) y Nordic Mist (presentando su novedad Blue, más amarga y astringente) del lado de las tónicas.
Hendricks, Bulldog, Beefeater 24, Larios y Rives, como marcas de ginebra más conocidas por "la prole", además de G'vine, Citadelle, Ish...
Y por supuesto no faltaron los siropes de frutas con los que marcarse un estupendo coctel: Monin, de la mano de Barkonsult y 1883, de Amer.
El lado negativo, como siempre, lo tuvo la parte menos profesional del evento. Me sorprendió que a la entrada me preguntasen si era profesional o prensa, pero me dió buena espina, pensando, muy inocente, que a lo mejor sólo íbamos profesionales del sector.
Ver cómo los comerciales se desvivían en un principio por vender sus ginebras y como, horas después, tenían caras de asco por tener que aguantar a gente que solo fue a beber, sin importarle un pimiento todo lo demás. Sumando a ésto una mujer que cayó al suelo desplomada cercana a un coma etílico y a la que tuvieron que meter a rastras dentro del hotel. Fue de lo más triste.
Los comerciales, de hecho, acabaron tan frustrados que, cuando alguien verdaderamente interesado en sus productos se acercaba, pasaban olímpicamente de él y le ponían un gintonic.
Señores, no fuimos a beber gratis, ¡fuimos a aprender y negociar!
Cuánto daño han hecho los jetas que van símplemente a pasar el rato. Son los que hacen que estos eventos pierdan totalmente la gracia...
Aun así, con cara de ajo conseguimos sacar cosas muy interesantes, una ginebra con el physalli como botánico más sorprendente, y un agua artesanal de las islas Fiji. Os iremos informando.
jueves, 22 de septiembre de 2011
Cómo cambian las cosas, los caminos de la vida
No hace mucho tiempo, estaba en Bilbao.
No hace mucho tiempo, trataba de labrarme un futuro en una de las escuelas más prestigiosas de Bilbao, luchaba por entrar en uno de los que fue y será el restaurante más importante del mundo para mi. Hacía una promesa, la promesa de no dejar que nada me desviase del camino que había elegido.
Las cosas han sido muy dificiles.
Siempre he tenido que escuchar que tengo mucha suerte, que la gente me hace caso, que me ayudan. No es cierto. Mucha gente me dió la espalda.
He tenido que luchar mucho para llegar a donde estoy. Para poder tener la carrera que tengo; para poder decir orgullosa que marcharme a los 17 años de casa fue muy duro, aunque me niegue a admitirlo, pero mereció la pena.
Mucha gente dice que le gustaría ser como yo. Ser como yo no es nada fácil. Me castigo mucho. Cada error lo considero una caída, aunque en frío me sirva para aprender, nunca me perdono repetirlo.
Me condené al peor de los castigos durante meses por haber perdido la esencia de mi misma en un trabajo que desmoronó todos mis escudos.
Una frase de mi entonces jefe, hoy cobra sentido: "Un día, cuando no os exijan lo que yo os exijo, os vereis con el delantal lleno de manchas, barba de días, y la partida sucia y desordenada. Entonces sabréis que os habéis perdido."
Y asi fue, el día llegó. Pero como digo, siempre hay alguien, por lo mal o lo bien que lo hace, que te hace despertar.
Ayer mismo, tuve la suerte de coincidir con una persona que, con 23 años, pisa y escupe a cualquiera de las que hay en el restaurante. Lleva desde la misma edad que yo en la hostelería, y no ha perdido ni un ápice de ganas, ni un ápice de ilusión y de trabajo limpio. ¿Su trayectoria? Equiparable.
Lo que aprendí solo mirando su actitud, mirándome en el espejo que me brindaba, me hizo despertar.
El que los demás hagan las cosas mal, no hace que yo tenga que dejar de hacerlas perfectas. La perfección sigue siendo mi meta primera y única. Eso es lo que importa y sobre todo, lo que nunca tiene que dejar de importar.
Ahora que he visto la situación real, y que he podido comparar con alguien ajeno a la hostelería y que lleva muchos más años que yo viendo lo que ahora yo veo, puedo sacar la conclusión final, la importante:
Todo lo que he hecho ha servido para avanzar. Las disputas, los disgustos, cada quemadura y corte, cada enfado, cada vez que me eché atras y volví a dar ese paso. Quien no se equivoca es porque no lo intenta. Y yo quiero intentarlo, con todas mis fuerzas.
No hace mucho tiempo, trataba de labrarme un futuro en una de las escuelas más prestigiosas de Bilbao, luchaba por entrar en uno de los que fue y será el restaurante más importante del mundo para mi. Hacía una promesa, la promesa de no dejar que nada me desviase del camino que había elegido.
Las cosas han sido muy dificiles.
Siempre he tenido que escuchar que tengo mucha suerte, que la gente me hace caso, que me ayudan. No es cierto. Mucha gente me dió la espalda.
He tenido que luchar mucho para llegar a donde estoy. Para poder tener la carrera que tengo; para poder decir orgullosa que marcharme a los 17 años de casa fue muy duro, aunque me niegue a admitirlo, pero mereció la pena.
Mucha gente dice que le gustaría ser como yo. Ser como yo no es nada fácil. Me castigo mucho. Cada error lo considero una caída, aunque en frío me sirva para aprender, nunca me perdono repetirlo.
Me condené al peor de los castigos durante meses por haber perdido la esencia de mi misma en un trabajo que desmoronó todos mis escudos.
Una frase de mi entonces jefe, hoy cobra sentido: "Un día, cuando no os exijan lo que yo os exijo, os vereis con el delantal lleno de manchas, barba de días, y la partida sucia y desordenada. Entonces sabréis que os habéis perdido."
Y asi fue, el día llegó. Pero como digo, siempre hay alguien, por lo mal o lo bien que lo hace, que te hace despertar.
Ayer mismo, tuve la suerte de coincidir con una persona que, con 23 años, pisa y escupe a cualquiera de las que hay en el restaurante. Lleva desde la misma edad que yo en la hostelería, y no ha perdido ni un ápice de ganas, ni un ápice de ilusión y de trabajo limpio. ¿Su trayectoria? Equiparable.
Lo que aprendí solo mirando su actitud, mirándome en el espejo que me brindaba, me hizo despertar.
El que los demás hagan las cosas mal, no hace que yo tenga que dejar de hacerlas perfectas. La perfección sigue siendo mi meta primera y única. Eso es lo que importa y sobre todo, lo que nunca tiene que dejar de importar.
Ahora que he visto la situación real, y que he podido comparar con alguien ajeno a la hostelería y que lleva muchos más años que yo viendo lo que ahora yo veo, puedo sacar la conclusión final, la importante:
Todo lo que he hecho ha servido para avanzar. Las disputas, los disgustos, cada quemadura y corte, cada enfado, cada vez que me eché atras y volví a dar ese paso. Quien no se equivoca es porque no lo intenta. Y yo quiero intentarlo, con todas mis fuerzas.
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