"Crema dulce de remolacha sobre crema de tupinambur a la manzana y bajo un mini tupinambur cocido y salteado.
Acompañado de chips de remolacha y lechuga morada"
Ayer os explicábamos más o menos como podíamos y desde nuestra experiencia, ya que no pudimos sustentarnos en ningun texto de expertos tupinamburiles, qué era un tupinambur.
Aunque muchos de vosotros ya lo habéis visto en facebook, nos parece que merece la pena escribir un post al respecto, ya que siempre viene bien aprender nuevas recetas con nuevos ingredientes.
Tanto el sabor de la remolacha como el de el tupinambur nos desagrada terriblemente, por lo que elegimos este plato como reto personal. A ver si éramos capaces de hacer que algo tan desagradable a nuestro paladar, nos pudiese gustar o al menos, no dar arcadas.
La combinación entre la remolacha y el tupinambur fue el punto fuerte del plato; excelente. Y como las texturas nos parecieron un poco abuelenses, decidimos añadirle el toque crocante del tupinambur al dente y salteado y de las chips caramelizadas de remolacha asi como una pequeña ensalada de lechuga morada, la cual, con su toque de amargor, ayudaba al tupinambur a causarnos pesadillas.
Aun asi, la combinación de todo, a la par que cada una de las partes, fue todo un acierto en general. Os invitamos a probarlo; merece la pena.
lunes, 30 de mayo de 2011
domingo, 29 de mayo de 2011
Tupinambur
Pretendíamos seguir nuestro ya tradicional sistema de informarnos en los libros de Harold McGee e interlazar un poco con la información de internet... Pero cual ha sido nuestra sorpresa: este pequeño tubérculo no aparece en ningún lado.
Los pocos artículos que hacen referencia a él parecen estar escritos en chino (en lenguaje muy pero que muy plantístico y herbáceo)
Hemos llegado a pensar que estabamos soñando y en realidad son producto de nuestra imaginación... Pero llevamos ya mucho tiempo cocinándolos como para pensar éso... Por si acaso hemos tenido el detalle de dejar nuestros brazos absolutamente morados a base de pellizcos para comprobar que no estabamos en mitad de la oniri...onir...oniriquez.
Asi que fijaos por donde que por una vez vais a tener que aprender única y exclusivamente de Diano y sus conocimientos. Y son basados méramente en la experimentación con este tubérculo tan majetón.
Lo primero que tenéis que saber, para irle conociendo es que, al igual que ocurre en la patata, su cáscara es comestible, por ejemplo frita.
Lo segundo: la primera vez no os va a gustar. Ni la segunda. Quizá la decimoséptima tampoco. Y es que su sabor no secunda precisamente la definición de "agradable al paladar". Es amargo. Pero amargo, amargo.
En el primer roce con el paladar recuerda a algo rancio, y después tiene toques a espárrago.
Una peculiaridad de este tubérculo es que se oxida. Es una prueba que hicimos con los nísperos, por ejemplo, pero que no se nos había ocurrido hacer con este ingrediente; fue más un olvido que un experimento. Pero el caso es que una vez cocidos y dejándolos en su agua de cocción (que es amarilla en un principio), ésta pasa a ser negra, a la par que la carne del propio tupinambur (ahora que lo estamos pensando, la patata también se oxida, asi que menuda peculiaridad de mierda jaja)
Una muy buena opción es hacer con ello una crema, con cien kilos de nata, ya que así tendrá un estupendo sabor a nata. Pero... ¿Creeis que asi deja de ser amargo? Pues no, sigue sabiendo amargo, solo que en vez de seguir recordando a su sabor esparraguil, solo sabe a nata.
Aqui tenéis que plantearos una cosa: a algunos les pirra el cafe solo. Yo no lo aguanto, porque me resulta demasiado astringente y muy muy amargo. Pero lo mismo puede pasar con el tupinambur, quizá a alquien le encante y me esté mirando con el ceño fruncido... ¿Solución? ¡Probadlo! Si lo encontráis, claro...
Usadlo como patata, en un guiso (con algo que anule, al menos parcialmente su ranciedad), frito, en ensalada cocido... Experimentad :)
Quiero agradecer su ayuda a Francis, que fue quien me lo consiguió, en tiempo record, como siempre.
Los pocos artículos que hacen referencia a él parecen estar escritos en chino (en lenguaje muy pero que muy plantístico y herbáceo)
Hemos llegado a pensar que estabamos soñando y en realidad son producto de nuestra imaginación... Pero llevamos ya mucho tiempo cocinándolos como para pensar éso... Por si acaso hemos tenido el detalle de dejar nuestros brazos absolutamente morados a base de pellizcos para comprobar que no estabamos en mitad de la oniri...onir...oniriquez.
Asi que fijaos por donde que por una vez vais a tener que aprender única y exclusivamente de Diano y sus conocimientos. Y son basados méramente en la experimentación con este tubérculo tan majetón.
Lo primero que tenéis que saber, para irle conociendo es que, al igual que ocurre en la patata, su cáscara es comestible, por ejemplo frita.
Lo segundo: la primera vez no os va a gustar. Ni la segunda. Quizá la decimoséptima tampoco. Y es que su sabor no secunda precisamente la definición de "agradable al paladar". Es amargo. Pero amargo, amargo.
En el primer roce con el paladar recuerda a algo rancio, y después tiene toques a espárrago.
Una peculiaridad de este tubérculo es que se oxida. Es una prueba que hicimos con los nísperos, por ejemplo, pero que no se nos había ocurrido hacer con este ingrediente; fue más un olvido que un experimento. Pero el caso es que una vez cocidos y dejándolos en su agua de cocción (que es amarilla en un principio), ésta pasa a ser negra, a la par que la carne del propio tupinambur (ahora que lo estamos pensando, la patata también se oxida, asi que menuda peculiaridad de mierda jaja)
Una muy buena opción es hacer con ello una crema, con cien kilos de nata, ya que así tendrá un estupendo sabor a nata. Pero... ¿Creeis que asi deja de ser amargo? Pues no, sigue sabiendo amargo, solo que en vez de seguir recordando a su sabor esparraguil, solo sabe a nata.Aqui tenéis que plantearos una cosa: a algunos les pirra el cafe solo. Yo no lo aguanto, porque me resulta demasiado astringente y muy muy amargo. Pero lo mismo puede pasar con el tupinambur, quizá a alquien le encante y me esté mirando con el ceño fruncido... ¿Solución? ¡Probadlo! Si lo encontráis, claro...
Usadlo como patata, en un guiso (con algo que anule, al menos parcialmente su ranciedad), frito, en ensalada cocido... Experimentad :)
Quiero agradecer su ayuda a Francis, que fue quien me lo consiguió, en tiempo record, como siempre.
sábado, 28 de mayo de 2011
Taberna del Hidalgo, Calle Paraiso 4, Valladolid
Recién llegado a la tierra natal de nuestra cocinera Diana Legido, el equipo de Diano´s Cook estaba hambriento de conocimiento y alimentos, por lo que no había nada mejor que hacer que pararnos en la mítica Taberna del Hidalgo.
Tras tomarnos una tapita (gratis, ya sabéis), pasamos al comedor, pidiendo el menú del día.
Lo bueno que tiene este local es que la amabilidad de los camareros te llena (aunque no el estómago; seguíamos con hambre).
Se nos indigestó un poco el primer plato al ver la tremenda y larguísima uña del dedo meñique de nuestro camarero, pero conseguimos remontar a tiempo.
No podíamos dejar de pensar que iba a traer una brocheta pinchada en esa uña; era horrible.
De primero, unos espárragos con mayonesa, mitiquísimo plato de menú del día, y menestra bañada con una estupenda velouté de verduras.
---
De segundo, unos filetes de cerdo adobados con crema de setas... Extraña combinación donde las haya y... La primera salsa de setas dulce que probamos. No sabíamos si era que estaba mala o que el cocinero había decidido innovar.
En cualquier caso, la combinación entre filete adobado, al cual no se le suele añadir salsa alguna, y salsa fue un columpiamiento bastante grande, pero hay que decir que estaba bueno.
---
De postre, una tarta helada decorada con un hilillo de caramelo y leche frita.
El resto del menú no es que fuese muy sacado de madre, pero la leche frita... ¡Ay la leche frita!
Para una cosa en la que se podían haber lucido, porque suponemos que era casera, ¡desde luego lo hicieron!
Menuda textura, se deshacía en la boca... Y con ese toque acanelado... Todavía lloramos de emoción al recordarlo.
Sin duda éso y el mítico licor de hierbas que tan de moda está en Valladolid tras las comidas, fue lo que hizo de la comida, una estupenda experiencia.
La cuenta nos la trajo el camarero pinchada en la uña, tipo chincheta, para que no se volase con el aire acondicionado.
Tras tomarnos una tapita (gratis, ya sabéis), pasamos al comedor, pidiendo el menú del día.
Lo bueno que tiene este local es que la amabilidad de los camareros te llena (aunque no el estómago; seguíamos con hambre).
Se nos indigestó un poco el primer plato al ver la tremenda y larguísima uña del dedo meñique de nuestro camarero, pero conseguimos remontar a tiempo.No podíamos dejar de pensar que iba a traer una brocheta pinchada en esa uña; era horrible.
De primero, unos espárragos con mayonesa, mitiquísimo plato de menú del día, y menestra bañada con una estupenda velouté de verduras.
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De segundo, unos filetes de cerdo adobados con crema de setas... Extraña combinación donde las haya y... La primera salsa de setas dulce que probamos. No sabíamos si era que estaba mala o que el cocinero había decidido innovar.En cualquier caso, la combinación entre filete adobado, al cual no se le suele añadir salsa alguna, y salsa fue un columpiamiento bastante grande, pero hay que decir que estaba bueno.
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De postre, una tarta helada decorada con un hilillo de caramelo y leche frita.
El resto del menú no es que fuese muy sacado de madre, pero la leche frita... ¡Ay la leche frita!
Para una cosa en la que se podían haber lucido, porque suponemos que era casera, ¡desde luego lo hicieron!
Menuda textura, se deshacía en la boca... Y con ese toque acanelado... Todavía lloramos de emoción al recordarlo.
Sin duda éso y el mítico licor de hierbas que tan de moda está en Valladolid tras las comidas, fue lo que hizo de la comida, una estupenda experiencia.
La cuenta nos la trajo el camarero pinchada en la uña, tipo chincheta, para que no se volase con el aire acondicionado.
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